Los pioneros
Hablar de la historia de la escalada en el entorno de los desfiladeros del Cares y del Duje implica referirse, entre muchos otros aperturistas, a dos figuras clave cuyas primeras ascensiones marcaron un punto de inflexión y abrieron el camino a las generaciones posteriores. Gracias a su visión, compromiso y capacidad técnica, hoy es posible la práctica de la escalada de aventura en Asturias y, en particular, en el concejo de Cabrales.
En
lo relativo a la dificultad extrema y a las aperturas en entornos
remotos, destaca la figura de Fernando
Santamaría,
conocido como Fito.
Su trayectoria está estrechamente vinculada a la escalada artificial
de alto nivel, tanto en Asturias como en el ámbito nacional. Además
de alcanzar un nivel sobresaliente en esta disciplina, realizó
numerosas aperturas y ascensiones en libre de gran compromiso. Puede
considerarse a Fito como un escalador adelantado a su tiempo, capaz
de desarrollar un estilo propio y de transmitir su experiencia a
compañeros de cordada como Luismi, Rafael Escandón o Claudio
Sánchez (Tito),
éste último también una figura fundamental en varias vías
extremas del Frailón.
En
un contexto diferente, tanto por tipología de paredes como por grado
y estilo, se sitúa la figura de Andrés
Villar.
Junto a escaladores como Iñaki Arregui o Higinio Giraldo, fue
responsable de buena parte del desarrollo de uno de los sectores de
escalada de aventura más relevantes de la cordillera: la Peña
Fresnidiellu.
En este enclave se concentran vías abiertas desde abajo,
mayoritariamente en libre y de grado moderado, que exigen, no
obstante, un alto nivel de compromiso, control mental y capacidad
técnica, especialmente debido a la escasez de fisuras y a la
dificultad para la colocación de seguros flotantes.
No
obstante, centrar la atención exclusivamente en estas dos figuras
sería incompleto. Aunque representan una parte fundamental de la
historia de ambos desfiladeros, son numerosos los nombres, episodios
y tentativas que conforman este legado colectivo y que no deben
quedar relegados al olvido.
La
evolución de la escalada en estos desfiladeros presenta paralelismos
claros con la historia del alpinismo en los Picos de Europa. En una
fase inicial, fueron los pastores locales quienes, por razones
prácticas o por un afán difícil de explicar desde una perspectiva
actual, comenzaron a transitar y escalar estas paredes.
Posteriormente, escaladores procedentes de otras regiones
—especialmente de Madrid— encontraron en los desfiladeros un
terreno idóneo donde escalar, abrir nuevas líneas o entrenar
durante su aproximación a los Picos de Europa, a menudo
condicionados por la meteorología en cotas superiores.
Nombres
como Antonio
Ortega
(El
Ardilla)
o Cristian
Marín,
junto a otros escaladores cuyos datos no han podido ser documentados
con precisión, forman parte esencial de la historia pionera de estos
desfiladeros. Asimismo, diversos escaladores cántabros y asturianos
llevaron a cabo aperturas y tentativas que, en algunos casos,
permanecen inacabadas. Entre ellos destacan Francisco
Brojos
y Alberto
Sio,
considerados los principales promotores y pioneros locales. Su labor
no se limitó a la apertura de nuevas líneas, sino que dejó
proyectos de una audacia notable para su época, desarrollados hasta
donde lo permitían las técnicas y los medios disponibles, y
caracterizados por un nivel de compromiso poco habitual en la
escalada contemporánea.
En
este contexto histórico, el autor de la presente guía, junto a
varios compañeros, ha tenido la oportunidad de recuperar una vía de
especial interés en el Ariscu
Canaldellegu,
dentro del desfiladero del Duje. Bautizada como Brojos–Sio,
esta línea representa una singular convergencia entre distintas
generaciones, estilos, técnicas y medios, unidos por un mismo
objetivo: completar un itinerario concebido décadas atrás.
Este
recorrido histórico conduce inevitablemente a una reflexión que
sintetiza el espíritu de esta guía: ¿qué tiene mayor valor en la
escalada de aventura, la dificultad objetiva de una vía o el legado
de quienes la abrieron?
Durante
años, las historias de grandes aperturas desde abajo, escaladas en
libre y repeticiones de alto compromiso —como Sueños
de Invierno
en el Urriellu— han ejercido una influencia decisiva sobre quienes
se aproximaban a este territorio con admiración y respeto. Estos
relatos contribuyeron a definir no solo un ideal de escalada, sino
también una ética y una forma de entender la actividad.
La
escalada de aventura plantea de manera inevitable interrogantes sobre
el compromiso, el nivel técnico y la fortaleza mental necesarios
para afrontar una primera ascensión. La elección del trazado, la
localización de posibles reposos, la colocación de seguros o la
gestión de tramos sin protección forman parte de un proceso en el
que la incertidumbre es constante. La experiencia acumulada puede
aportar respuestas, pero confirma también que el miedo es un
elemento inherente a la apertura desde abajo.
Abrir
una vía desde el suelo constituye una de las expresiones más puras
de la escalada. Más allá del componente deportivo, supone llevar la
actividad a su máxima dimensión de aventura, exposición e
incertidumbre. El aperturista proyecta mentalmente un itinerario
sobre la pared, a menudo sin certezas, en un proceso comparable al de
la creación artística. El resultado no es únicamente una línea de
escalada, sino una experiencia marcada por el compromiso, la
exposición y la escalada “a vista”. La dificultad y el riesgo
definen el carácter de la vía y conforman un legado que debe ser
respetado y preservado.
Por
este motivo, resulta fundamental recordar a quienes visiten estos
desfiladeros que la prioridad absoluta es el respeto a su historia.
Las vías existentes no deben ser alteradas; deben respetarse los
trazados y los equipamientos originales, y es imprescindible
informarse adecuadamente antes de iniciar cualquier nueva apertura.
Equipar no equivale a restaurar, y restaurar no implica transformar
una vía, sino sustituir elementos deteriorados por otros nuevos sin
modificar su dificultad ni su compromiso original. Solo cuando la
aventura prevalece sobre el interés deportivo se comprende la
verdadera esencia de la escalada.
Finalmente,
este texto expresa un reconocimiento explícito a todos los
aperturistas que, con su esfuerzo, dedicación y valentía, han
dejado un legado de incalculable valor para la comunidad escaladora.
Horas de trabajo, incertidumbre, compromiso, éxitos, fracasos,
sustos y caídas han hecho posible que hoy se pueda disfrutar de
estas escaladas —independientemente de su grado— con información
fiable y material instalado. Ese trabajo merece respeto y
conservación.
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