La escalada en la zona

Todos estos valles están formados por paredes de roca caliza, salvo pequeños afloramientos de cuarcita donde, hasta la fecha, no existe ninguna vía, principalmente debido a las características de la roca. Aunque la calidad de la roca en estos valles y desfiladeros es soberbia —posiblemente una de las mejores calizas que podemos encontrar en el mundo—, no resulta especialmente generosa para la apertura de vías en estilo tradicional. Grandes muros muy verticales y carentes de fisuras configuran buena parte de estos desfiladeros, donde en muchas ocasiones el uso de expansiones resulta inevitable, cuando no obligatorio.

Asimismo, la altitud y las características climáticas y orográficas de estos desfiladeros hacen que las vías más sencillas o de corte más clásico estén muy tomadas por la vegetación. Esto no solo supone una falta de motivación para abrir nuevas líneas, sino que además implica, en ocasiones, un trabajo de limpieza excesivo. No debemos olvidar que nos encontramos dentro de un PNPE, donde la normativa es estricta y el entorno especialmente sensible. Por ello, la apertura de vías que requieren grandes trabajos de limpieza no siempre justifica su propia existencia. En consecuencia, por lo general se han buscado paredes limpias, que coinciden habitualmente con escaladas de cierta dificultad y con escasas posibilidades para la autoprotección.

Es importante destacar —y es algo que podrá encontrarse en la información de cada sector o vía— que actualmente existen normativas vigentes relacionadas con la protección de aves y otras especies. Se trata de regulaciones temporales que se ruega respetar por el bien del entorno, del futuro de la escalada y de la propia comunidad local.


Muchas de las vías —por no decir casi todas aquellas con dificultades inferiores al 7a o 7a+— se han “amabilizado” considerablemente tras su apertura y primeras repeticiones, buscando ser justos con los futuros repetidores y reducir una exposición que, en algunos casos, resultaba excesiva, para grados relativamente asequibles. Con mayor o menor acierto, se ha intentado mantener una determinada filosofía de apertura, pero sin olvidar que el compromiso de un largo depende en gran medida del nivel con el que los aperturistas lo afronten. Esto no debe llevar a engaño ni hacer pensar que las vías pueden escalarse de cualquier manera, ya que, en general, son líneas obligadas, donde el único cambio actual es la distancia de una posible caída o la gravedad de sus consecuencias. Resulta curioso señalar que, hoy en día y salvo excepciones, las vías más duras son también las más obligadas y comprometidas.

En sectores como Angobeyos o La Requexada, muchas vías con dificultades comprendidas entre el 6c y el 7a+ se recomendaban únicamente para escaladores con un grado a vista sólido de al menos 7b. No tanto por la dureza de los pasos en sí como es lógico, sino por la distancia entre seguros. Salirse de la línea, especialmente en paredes sin referencias visuales ni equipamiento visible, podía derivar en situaciones muy comprometidas, con caídas potenciales de hasta 40 metros, incluso afrontando el paso clave del largo. De hecho, durante algunos de los primeros intentos de repetición por parte de otras cordadas, ya se produjeron incidentes de cierta gravedad.

Gran parte de las vías más sencillas, entre el V y el 6b+, se abrieron total o prácticamente limpias, quedando inicialmente demasiado comprometidas para el perfil habitual del repetidor. Posteriormente se adecuaron buscando un equilibrio más razonable. Del mismo modo, en muchas vías difíciles se corrigieron algunos chapajes, teniendo en cuenta que gran parte de ellos fueron perforados “a mano” y sin colgarse, por lo que no siempre quedaron situados en el lugar ideal. En todo momento, y por encima incluso de preservar la dificultad original de la apertura, se ha intentado dejar las vías en las mejores condiciones posibles para facilitar su repetición.

Por otro lado, en gran parte de las aperturas se ha llevado a cabo un importante trabajo de limpieza y saneamiento. Gracias a ello, muchos largos han reducido ligeramente su dificultad al aparecer nuevos agarres o mejorar algunos ya existentes, e incluso se ha ampliado la posibilidad de utilizar seguros flotantes, a veces —lamentablemente— cerca de alguna expansión. Por ello, es importante comprender este aspecto, a menudo imprevisible e imposible de resolver durante la apertura, aunque con frecuencia sea cuestionado o juzgado posteriormente.

Otra característica fundamental de las vías en estos desfiladeros es su carácter completamente natural. Tan solo algunas líneas que comienzan desde el camino tallado han requerido pequeños retoques en ciertos agarres, bien por la rotura de los originales —al tratarse de roca debilitada por las antiguas voladuras—, bien para evitar posibles caídas al suelo o al propio río. De no existir este camino excavado artificialmente, especialmente en el sector de Angobeyos, el acceso sería mucho más complejo, aunque el inicio de las vías resultaría considerablemente más sencillo.

Por último, la escalada en estos desfiladeros es extraordinariamente variada. Predominan las placas y muros de excelentes gotas de agua, así como desplomes con chorreras de una calidad excepcional y muros de canto especialmente atléticos. En contadas ocasiones aparecen también diedros y fisuras, de una belleza y singularidad poco comunes, más propios del granito que de la roca caliza.

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